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Origen de la expresión "A buenas horas mangas verdes"

 
Empleamos este uso para indicar a alguien que llega a destiempo para hacer algo.
 

En el Siglo XV, durante el reinado de los Reyes Católicos, se creó un cuerpo similar al de la actual policía, heredero de las antiguas cofradías del Siglo XI de los cuerpos cristianos, el cual era pagado por los concejos, cuyas funciones pasaban por la de garantizar la seguridad ciudadana.

Uno de sus primeros uniformes consistía en un chaleco de piel que mostraba las mangas de la camisa que eran verdes, y por tales mangas eran conocidos por el pueblo.
 
El número de efectivos de la citada hermandad era escaso (1 jinete por cada 100 vecinos y un soldado por cada 150 agrupados en cuadrillas) y muchas veces no llegaban a tiempo para evitar los altercados, robos y demás fechorías, a lo cual la gente gritaba con menosprecio al verles llegar tarde:  "¡A buenas horas mangas verdes!"

 

FOLLAR

“Follar”: Viene del latín “follis” que significa “fuelle”. Se utiliza por la similitud con el movimiento de este utensilio. En Inglatera el término “fuck” (follar) se acuñó en una época donde las relaciones sexuales estaban permitidas bajo la venia de los reyes y en las casas se ponía el cartel que significaba que se estaban manteniendo relaciones. ¡Menos mal que hemos evolucionado!
Así Fuck: F: Fornication (Fornicación); U: Under (Bajo); C: Consent of the (el Consentimiento del; K: King (Rey)

 

 

MONTAR UN POYO

Según la RAE, es un banco de piedra o de otro material arrimado generalmente a paredes. Su origen proviene del término latin. El uso de este banco o pedestal se ha empleado históricamente para la proclama de discursos aprovechando la afluencia de gente en plazas y zonas de mucho tránsito.Dado el carácter político y religioso de la mayoría de éstas, era habitual que se oyeran opiniones contrarias que acarreaban encendidas discusiones entre los presentes, las cuales a veces desencadenaban incluso en peleas.
Colocar el atril, montar el poyo para dar dichos discursos, dado el desenlace al que a veces llegaba, fue adoptando el significado que hasta el día de hoy conocemos.


“Te pongo mirando pa’ Cuenca”

La expresión se remonta al reinado de Juana la Loca y Felipe el Hermoso en la Castilla de finales del siglo XV. Como es sabido, Felipe I era un gran mujeriego, algo que su mujer, obviamente, no podía soportar. En aquella época la corte contaba con una gran presencia de conquenses, como queda demostrado con el mismo capellán de la reina, Diego Ramírez de Villaescusa (de Haro). Algunas de las amantes del rey eran de pueblos limítrofes a los de Don Diego, por lo que Felipe I ideó una excusa perfecta para no levantar las sospechas de su mujer. Sabedor del poco amor de su esposa por la ciencia, el rey organizó un pequeño observador astronómico en una alta torre, donde con ayuda de los nuevos instrumentos de navegación era capaz de individuar la dirección de las principales ciudades del reino. Así, cada vez que quería escabullirse con alguna moza no tenía más que decirle a la reina: “Subo con la dama al observatorio, que la voy a poner mirando para Cuenca”. Los guardias del rey, que obviamente sabían a que subía el monarca al observatorio, comenzaron a utilizar la frase por los burdeles de Castilla, por lo que la expresión tuvo una rápida difusión.

ECHAR UN POLVO

Hoy os presento "EL ESTUDIÓN". El estudión ya estuvo por la página pero a partir de ahora cada vez que aparezca nos contará cosas interesantes. Hoy nos contará el origen de la expresión ECHAR UN POLVO. Muchas habrás pensado, que ganas de echar un polvo, cuanto cuesta echar un polvo, quieres echar un polvo, pero nunca de donde viene "echar un polvo". Pues bien procede de la costumbre, ampliamente extendida en los siglos XVIII y XIX, de consumir entre las clases burguesas y aristocráticas el polvo de tabaco conocido como ‘rapé’.

Este polvo de tabaco era aspirado por vía nasal, por lo que solía provocar molestos estornudos y para ello, los caballeros que lo consumían en las fiestas y reuniones de sociedad, se retiraban a otra estancia con la intención de ‘echarse unos polvos a la nariz’.Con el tiempo, esa excusa para ausentarse de la reunión comenzó a utilizarse también para poder tener fugaces y apasionados encuentros sexuales con la amante de turno, quien esperaba al fogoso caballero en otra sala.

De ahí que, al convertirse en una práctica común, se acabara aplicándose el término ‘ir a echar un polvo’ al acto sexual y ello propició que cuando dichos caballeros, en uno de esos encuentros fugaces, estaba copulando con su amada y alguien de la reunión preguntaba por su paradero siempre había alguien que respondía que se había ausentado para ‘ir a echar un polvo’.